August 4, 2010 by kitkatjapones
Pasar la noche en Miyajima inspira para hacer cosas como estas. Sí, nos gusta vivirlo.
Pasar la noche en Miyajima inspira para hacer cosas como estas. Sí, nos gusta vivirlo.
He terminado de ordenar y colocar en carpetas por fechas y autor las fotos del viaje a Japón. Entre los 3 hicimos en total más de 5300 FOTOS y 280 VÍDEOS (así en bruto, antes de seleccionar)
Ahora me toca verlas, eliminar las repetidas e inservibles, retocarlas, hacer criba, subirlas a este tumblr o sobre todo a flickr y allí taggearlas, describirlas, ordenar en álbumes, geoposicionarlas…
Y los vídeos lo mismo: editar algunos y subir los mejores a este tumblr.
Intentaré no esperar a terminar para subirlo todo de golpe sino ir poco a poco subiendo lo que me vaya encontrando interesante.
La Bellota (pronunciado por los japoneses “La Berota”) es un bar de tapas españolas en Kyoto. Así de sencillo.
Concretamente está en Kawaramachi Dori, un poco más al sur del cruce con Shijo Dori. Usando el Google Maps diríamos que está por aquí (no permite Street view por esa zona de la calle, es una pena) Este es su aspecto exterior:

El bar se encuentra en un local a pie de calle (que suena raro especificarlo pero en Japón no siempre es así), con sus letreros, cristalera y su escaparate de tapas:

Es un sitio pequeño (como casi todos los bares y restaurantes en Japón), apenas una barra con 8 banquetas y un par de mesas bajas al fondo.

Está decorado al estilo bar español, con mucha madera, baldosas por las paredes, y montones de detalles y recuerdos atípicos de España, aparte de muchos alimentos a la vista, de los que destacan las patas de jamón colgadas, otros embutidos, botellas de vino, barras de pan e incluso botes con picos y regañás:

La carta (en el tablón en japonés, pero también tenían en español) incluye raciones de jamón por supuesto, y también boquerones, patatas ali oli, tablas de embutidos, quesos…

Sus dueños son dos japoneses enamorados de España, que han venido a visitarla en varias ocasiones y decidieron abrir en Kyoto un lugar donde ofrecer esas tapas que tanto les gustaban.

¿Qué diferencia este bar de otros tantos que hay en Japón dedicados a la gastronomía española? Pues las anécdotas que tuvimos en él.
Nosotros lo encontramos una de las primeras noches paseando por Kyoto, lo vimos por fuera, y nos pareció curioso. A la noche siguiente Diego decidió salir a vivir la noche de Kyoto por su cuenta sin nosotros y en su paseo buscando marcha entró a ese bar japonés por hacer la gracia. Se lo encontró bastante vacío pero gracias a eso, por lo que nos contó pudo charlar con los dueños, e incluso hizo amistad con unos salarymen japoneses que estaban tomando algo allí y les hizo gracia. Estuvieron preguntándole por España, le invitaron a tomar algo…

La última noche decidimos ir los 3 a hacerles una visita, primero porque Diego les había prometido volver y después porque nos hacía también ilusión a nosotros, ir de visita como españoles en plan “atracción del local” y darle algún recuerdo de España de los que habíamos llevado. Nos plantamos allí a las 22 horas y estaba lleno de gente tomando vinos y tapas, apenas había dos banquetas en la barra pero nos acomodaron otra para que nos pudieramos quedar. Se veía un sitio concurrido, ya que seguía entrando gente que tenía que irse al no encontrar más sitio.

Tomamos una copa de vino y pedimos una ración de patatas ali oli (lo más barato y curioso de la carta, el resto era bastante caro). Una ración por no decir una minitapa, más escasa teniendo en cuenta que pensábamos compartirla (aunque veníamos de cenar en casa de Hideko, que esa es otra historia), pero que estaba muy lograda.
Yo aproveché para visitar el bar, hacer algunas fotos y hablar con la gente de por ahí. Me pareció curioso que tuvieran un panfleto publicitario de Casa Patas, un tablao flamenco de Lavapiés, en Madrid:

Justo después decidimos darles el regalo que les habíamos llevado, uno de estos toreros que andan a cuerda que habíamos traído desde España.

En cuanto se lo regalamos se emocionaron bastante, estuvieron enseñándolo a los clientes (una fauna heterogénea que incluía jóvenes modernos, chicas guapas, una señora vestida con el kimono tradicional…) y nos invitaron a una tapa de jamón :)

Después de un rato, y viendo que había mucha gente, por lo que los dueños no podían esta vez estar con nosotros charlando mucho (nos preguntaron qué tal estaba el jamón y el vino y alguna cosa más) ni prestándonos atención, decidimos irnos para no molestar. Cuando pedimos la cuenta (que nos cobraron lógicamente) uno de los dueños se acercó y nos pidió… ¡Que firmáramos en la pared del local con un rotulador, cada uno en una baldosa! Así, en plan estrellas del rock.
Claro está, nosotros accedimos, y cual fue nuestra sorpresa al ver que no había más firmas en la pared.

Nosotros eramos los primeros españoles que habíamos pasado por allí, excepto el dueño de embutidos Revilla, que les había visitado según contaban muy orgullosos y mostraban su firma en la pared (se ve en esta foto debajo de la pizarra):

Uno tras otro firmamos los tres, y ahí sí que la clientela ya estaba sorprendida con nosotros (¿Quiénes eran esos extranjeros que firmaban en la pared?)

Algunos se acercaban incluso a leer las dedicatorias que habíamos puesto (ellos en inglés y yo en español)

Terminamos haciéndonos unas fotos con ellos, nos dejaron pasar detrás de la barra para hacernos las fotos mejor, y todos encantados.

Salimos con un buen rollo tremendo y una sensación de haber hecho algo diferente, haber tenido un detalle con ellos y al mismo tiempo tener una anécdota para toda la vida.
Por tanto, cualquier viajero español (o no) que viaje a Kyoto, que se pase si puede por La Bellota, que salude a los dueños, se haga unas fotillos y compruebe si nuestras firmas siguen allí (¡e incluso que firme él también!) ¡Podemos crear una tradición hispana de viaje a Japón y convertirlo en un templo de peregrinación! :D
Aunque este no sea un consejo específico para viajes a Japón, ahora que me he puesto a procesar las fotos del viaje, me he dado cuenta de 2 cosas muy útiles que deberíamos haber hecho y que os pongo como consejos para los que viajéis en grupo con intención de hacer fotos y compartirlas luego (que supongo que es todo el mundo)
1. Sincronizad el reloj interno de las cámara de fotos de todos los que vayais, tanto día como hora. Si lo ponéis con la hora local, mejor, porque podréis usar luego la hora de captura como referencia de qué hicisteis a determinada hora en el viaje.
2. No repitáis fotos. Si uno hace una foto desde un punto y con un encuadre, que no vaya otro detrás y la repita. Otra cosa es que cada uno quiera tomar un detalle o punto de vista diferente de un paisaje o de algún objeto.
Estos dos simples detalles os facilitarán mucho ordenar luego las fotos de las distintas cámaras solo por la fecha de captura, reducirá el número total de fotos y evitará luego el engorro de tener que borrar fotos repetidas. En un viaje tan largo en el que se capturan tantas fotos esto supone ahorrarse muchas horas de ordenar, seleccionar y borrar fotos.
El váter con chorrito: la maravilla de la tecnología, el invento por el que Japón nos lleva siglos de ventaja a España. Es probarlo y amarlo.
Este en concreto fue el primero que encontramos en nuestro viaje, en el Museo del Manga de Kyoto. Juan Pablo, jugándose la integridad propia y de la cámara en pos de la documentación fue un paso más que el resto de viajeros para enseñar al mundo el funcionamiento completo del mecanismo, desde que se le da al botón hasta que sale el chorro (se ve incluso que es necesario activar con un sensor de presencia la salida)
Como curiosidad extra, decir que no solo hay un botón de chorrito sino que en algunos hay 2 funciones diferentes: uno que es chorrito normal, con un botón con un claro dibujo de un culo de color azul, y otro con un botón con una chica sentada de perfil color rosa como icono. El de la chica es función vidé, con un chorro de agua más amplio, menos dirigido y con menos fuerza, y el azul era el chorrete más dirigido, con fuerza regulable mediante botones.
Solo decir que hay que probarlo. UN LUJO, OIGA!
- Ir en otra estación del año. El tiempo no es tan malo como dicen en junio-julio (al menos este año ha hecho un calor soportable y la lluvia nos respetó mucho) pero siempre enseñan los jardines y parques de Kyoto diciendo: “esto en primavera durante el sakura es precioso y en otoño los arces se ven mucho más bonitos con sus tonos rojos”
- Visitar el castillo Himeji , porque ahora y durante bastantes meses está en proceso de restauración. Preferí no visitarlo estando parcialmente tapado.
- Hacer coincidir la fecha del viaje con algún matsuri. Hay muchísimos matsuri en Japón, pequeñas ferias en los pueblos con procesiones, tradiciones… Yo no coincidí con ninguna en junio y me fui justo el día en que se celebraba esa noche el Tanabata, el 7 de julio.
- Ir al NY bar del hotel Park Hyatt de Shinjuku en Tokyo. El bar del hotel de Lost In Translation, vamos, que me han dicho que se puede entrar sin ser cliente del hotel.
- Ir en fechas de un campeonato de sumo (en Tokyo se celebran en enero, mayo y septiembre) o al menos acercarme a ver los entrenamientos a el barrio de Ryogoku, en Tokyo, donde está el estadio de sumo y las escuelas de luchadores, restaurantes con comida para luchadores…
- Comer pez globo.
- Comer carne de Kobe, ternera Wagyu
- Ver el Monte Fuji un día despejado. Es otro problema del verano, que es difícil que haya un día despejado para verlo desde Hakone.
-Ir al Kusatsu Onsen.
- Ir al Parque España. Una curiosidad divertida para un segundo viaje.
- Jugar a las máquinas de pachinko. Pasábamos todos los días por delante de muchas y siempre decíamos “tenemos que entrar” Al final no entramos por miedo a no saber usarlas y molestar.
- Cantar en una sala de karaoke.
- Probar a ir de viaje a Japón con gente distinta la próxima vez. En el próximo viaje me gustaría ir con gente con mucho más conocimiento de Japón del que tengo yo (o en general de lo que teníamos los que fuimos de viaje esta vez), para poder aprovecharme de ese conocimiento y aprender mogollón de curiosidades del Japón alternativo que no sale en las guías, y tal vez con gente que hablara el idioma, y así tener un viaje más “social”, más de conocer gente de allí, en lugar del viaje más turístico que he tenido esta vez por mis limitaciones. Esta vez hicimos un viaje más típico de novatos por Japón, como lo que éramos los 3, del que aprendimos mucho, pero quizás dando muchos palos de ciego y equivocándonos a veces.
Independientemente de mi caso, para viajes largos es mejor elegir compañeros de viaje con los que se haya viajado ya antes y que se sepa de antemano cómo se van a comportar y cómo será la convivencia. No es lo mismo un amigo con el que te lo pasas bien de bares y risas, ni siquiera alguien con el que puedes pasar un fin de semana, que alguien con el que viajar durante 3 semanas a un país tan particular como Japón, y con las características de viaje cultural que tiene.
- Ir hablando más japonés, para disfrutar un poco más del contacto con la gente (que igualmente va a seguir siendo distante, porque siempre seré un occidental a sus ojos)
En estos días en Japón están en elecciones. De todos los carteles que he visto este de Kyoto es el que me pareció más curioso. El fondo plano, el conejete arriba, el retoque de la foto…
Nada más llegar del viaje, lo primero que tengo que hacer obligatoriamente, teniendo en cuenta el nombre del blog, es mostraros mi cosecha definitiva de Kit Kat raros encontrados en Japón. Tengo que decir que la mayoría los encontré en el aeropuerto.
La bolsa de arriba, comprada en el aeropuerto, contiene kit kat de 2 tipos: de té verde y de concentrado de kinako (harina de judía de soja).
La de la izquierda, también del aeropuerto, son kit kat de wasabi (los que más curiosidad tenía por probar).
Debajo están unos kit kat que encontré en Osaka, uno de ellos es sabor coca-cola y el otro sabor limonada. No son de los souvenirs regionales, pero me parecieron muy curiosos, están realmente ricos, y sorprende el sabor del chocolate a la cocacola.
A la derecha arriba están los de sabor tarta de queso de fresa que ya os conté que había encontrado en Yokohama.
Los de abajo son unos de una edición especial de té verde de sakura (que supongo que sacan para la época de primavera, que es cuando florece el cerezo)
Se me quedaron por comprar unos que vi de almendra amarga (los compraría por completismo porque la almendra amarga no es que me apasione) y otros que vi de fresa en la zona de Hakone, creo recordar.
Pero en definitiva estoy contento de haber encontrado algunos, ya que Diego insistía en que ya se habían dejado de vender.
Esta no pretende ser una lista exhaustiva de todo lo que repetiría del viaje sino más bien algunos de los aciertos más grandes del viaje que volvería a repetir sin dudar.
- 21 días de viaje es un buen tiempo, si te lo puedes permitir, para ver todo lo básico que se recomienda en un típico primer viaje turístico a ese país e incluso da para tomártelo con más calma, y descansar alguna tarde o algún día (si no, el cuerpo no da para tantos días seguidos)
- Volar con Air China si es a un precio tan competitivo. Conseguir un vuelo de ida y vuelta por 500 euros cuando el resto eran a partir de 750, y con solo una escala, era para estar cuanto menos expectante de lo que pudiera pasar. Además está el prejuicio de lo chino como barato o malo. Pero realmente fue un viaje tranquilo y sin problemas, con un avión con asientos y espacio aceptables, pantallas personales con películas y juegos, comidas comestibles, azafatas que hablaban inglés, ningún problema con las maletas, ya que se podía facturar directamente desde Madrid a Kansai ( y permitían 2 bultos de mano en cabina) e incluso en uno de los casos con un piloto hispano-alemán… Además la escala en Beijing tampoco fue para nada problemática, permitiendo a Juan Pablo incluso pasar una botella de sake comprada en el duty free shop en el aeropuerto de vuelta (y eso que la de la tienda nos dijo que no lo hiciéramos, que era dificil que pasara).
- Sacarme el Japan Rail Pass standard de 14 días. Fue una decisión muy correcta teniendo en cuenta nuestro itinerario el esperar a irnos de Kyoto para activar el pase. En Kyoto se puede uno mover andando o en buses urbanos, que no cubre el JR Pass, así que no sirve de mucho allí, y la mayoría de viajes los harás entre ciudades y dentro de Tokyo en la línea Yamanote. He dicho el standard porque con la calidad de los trenes japoneses, cogerse el de los vagones green es un desperdicio de pasta, ya que se va comodísimo en los normales.
- Dormir en habitaciones de tipo japonés. Son diáfanas, cómodas, no cuesta dormir en futones en el suelo (tienen siempre un pequeño colchón debajo, suficiente), y es un placer caminar descalzo y oler el incofundible olor del tatami. Ya que estáis en Japón, disfrutad de un tipo de habitación que no hay en ningún otro pais, y no lo hagais solo una noche en plan novedad.
- Repetiría en los hoteles y hostels tanto de Kyoto como de Tokyo y Osaka. Sobre todo si buscais habitaciones de tipo japonés triples privadas con baño, son tres alojamientos más que aceptables en calidad precio. En el caso de Miyajima tampoco estuvo nada mal pero quizás el precio me pareció excesivo para lo que luego fue, tal vez haya otros alojamientos en esa isla con mejor relación calidad/precio (o tal vez no…)
- Llevar pequeños regalos o detalles típicos españoles para regalar. De verdad, parece una tontería pero llevar en el bolso siempre algunos detalles te puede hacer ganar una amistad o quedar muy bien. En algún momento del camino encontrarás a alguien muy majo al que le quieras agradecer su ayuda o atención o alguna invitación y entonces podrás sacar ese pequeño regalito. No veas como lo agradecen normalmente. También puede que en algún caso, como a nosotros, te regale alguien algo (unos palillos o una paleta de okonomiyaki en un restaurante, que te pidan firmar en un libro de visitas…) En ese caso es casi necesario llevar algún regalo para devolver la deferencia. Por nuestra experiencia funcionan mejor pequeños muñecos, imanes de nevera, u objetos antes que postales o fotos, que da como más corte regalar (parece menos cosa) aunque alguna postal no cuesta.
- Contactar con algún local que te haga de guía. Vale que no todo el mundo tiene un conocido japonés dispuesto a dedicarse 3 días a enseñarte su ciudad por la cara, pero sí es fácil encontrar a algún japonés por foros o Facebook, estudiante de español, si es joven mejor, que tenga ganas de encontrarse con españoles allí y esté dispuesto aunque sea a salir una noche y enseñar la juerga nocturna de su ciudad. No sabéis cuánto puede ayudar tener un guía de allí para conocer cómo funcionan las cosas en Japón.
- Ir al mercado de Tsukiji a pasear primero por los puestos exteriores y a partir de las 9 por el interior, y esperaría de nuevo hora y pico (o 2 o las que hicieran falta) para comer EL MEJOR SUSHI QUE HE COMIDO NUNCA en el mítico puesto Dai Sushi (es fácil encontrarlo, es el puesto con una cola más larga delante de todos los que hay pegados al mercado). Eso sí, creo que elegiría el menú más caro y completo, el omakase de 10+1 piezas, en lugar de pecar de conservador con el de 7 piezas. A ese sitio se va una vez en la vida y es imposible que os arrepintais.
- Usar los ofuro (bañeras de agua caliente que suele haber en los baños japoneses), las instalaciones de onsen de los hoteles, y sobre todo volvería a ir a un rotemburo, un balneario de aguas termales con piscinas naturales en el exterior, normalmente de piedra y rodeados de bosques. En mi caso fui a uno en Hakone, una zona con mucha oferta de ese tipo, con diferentes calidades y precios. No son muy caros, suelen estar separados por sexos, y normalmente no hay mucha gente (sobre todo hay ancianos, por cierto). Es importante conocer y tener claras las normas de comportamiento en un onsen y respetarlas, y luego solo hay que disfrutar de 10-15 minutos de baño en la naturaleza.
- Tener como prioridad bajar a las zonas comunes en los hostels y hoteles, para conversar con otros viajeros, conocer gente, e incluso compañeros de viaje por un día. Te aporta mil veces más un rato de charla con otros viajeros en Japón que estar solo en la habitación mirando una guía.
- Llevar un libro de frases o de conversación en japonés SIEMPRE ENCIMA, y tratar de usar las frases posibles en japonés antes que en inglés. Unas palabras en japonés y una sonrisa da una buena primera impresión de respeto a alguien que esperas que te ayude. Yo aun diría más: intenta poner el oído en conversaciones o comportamientos ajenos, busca qué significa e intenta repetir frases, agradecimientos, etc… Aprende una frase o expresión al menos al día.
- Entrar en los edificios a buscar restaurantes, bares o establecimientos varios. Japón, sobre todo Tokyo es vertical, es decir, no encontrarás los establecimientos todos a ras de suelo, así que hay que atreverse a entrar en los edificios a buscar locales en el segundo, tercer o cuarto piso del edificio. Está todo mezclado así que hay que echarle tiempo.
- Probar, probar y probar comidas y bebidas. No tengáis miedo a entrar a cualquier bar o restaurante, porque va a ser difícil que os encontréis con uno de mala calidad. De hecho si volviera, probaría a entrar en más bares con pinta de “auténticos” e ir menos a cadenas de comida japonesa. La comida suele ser bastante abundante y riquísima. Luego ya hay diferencias de precios o añadidos como carta en inglés, empleados más amables o dispuestos a entenderte, pero poniendo cuidado de mirar antes los precios no tendréis problema (aprendeos los números en japonés que en algunas cartas no están los precios con números occidentales)
- Sitios de sushi en cintas giratorias. Muy baratos (respecto a España) y si aciertas con el bueno, tienen una calidad más que satisfactoria. Lo mejor para comer gran cantidad de pescado a un precio barato.
- Coger un taxi de noche si salgo por Tokyo hasta tarde. No hace falta que esperéis a las 5 de la mañana al primer metro si estais cansados. Me esperaba los taxis a precios prohibitivos pero no fue así, solo un poco más caro que en Madrid, y no tienen pinta de timarte.
- Llevar una buena guía de viaje en libro, con buenos recorridos, consejos, datos, horarios, etc… De las que llevábamos la única que era decente era la de Lonely Planet (mejor si es la edición de este año)
- Hacer uso de las oficinas de turismo al llegar a una ciudad o pueblo o incluso la información de las estaciones de trenes. Tienen mapas manejables y cómodos, te dan sugerencias y suelen ayudar con los medios de transporte.
- Dedicarle una mañana y un poco de la tarde a Nara y el resto de la tarde a Fushimi Inari. Es una excursión de un día perfecta desde Kyoto, y el tren haciendo transbordo pilla de paso. Por la tarde el Fushimi Inari está mucho más vacío de gente e incluso al atardecer con el fresco se camina mejor (es una buena caminata de escaleras andarlo todo)
- Subir a los miradores de las ciudades, por ejemplo a la última planta del edificio Metropolitano en Tokyo o al mirador del edificio Sky de Osaka. Las vistas merecen la pena.
- Acercarme a Utsunomiya (a 40 minutos de Tokyo en Shinkansen), a la taberna Kayabukiya, a disfrutar de la experiencia de pasar una noche con monetes.
- Ver la tele japo en los hoteles, si es posible. No es tan “marciana” como esperaba, hay muchos programas normales e incluso algunos tremendamente aburridos, pero tienen esas pequeñas joyas.
- Llevar un ordenador portatil pequeño que permita conexión a internet por WIFI y por cable LAN. Hay mucha info que buscar y blogs que actualizar y en casi todos los hoteles hay posibilidad de internet gratis en la habitación, así que es casi imprescindible.
- Echarle cara, que a veces te abre puertas, pero al mismo tiempo tener mucho respeto a las normas e intentar ser más educado y estricto que los propios japoneses. Si ellos son prejuiciosos con los extranjeros hay que intentar no darles nada de lo que quejarse.
- Llevar cuerda de tender, en caso de tener que poner una lavadora a veces las secadoras no funcionan bien y tenderlo en cuerdas por la habitación es una solución.
- Beber Calpis.
Primer Kit-kat japonés! Por fin cuando ya creía que no los encontraría, a pocos días del final del viaje he encontrado una caja de Kit-kat edición limitada con sabores especiales típicos de la región y con la caja preparada para usarla como postal. En concreto los encontré en el Chinatown de Yokohama, en una tienda de regalos más que de alimentación. En concreto es sabor “Strawberry Cheesecake” y pone “Yokohama 1859” y una foto de una calle antigua. CONSEGUIDO! :) (Por supuesto me he comprado 2 cajas)